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Nací de un torbellino en el que volaban unos perros, unos leones, diez mil budas, tres selvas, una cascada, cientos de esfinges, un mago, una chamana, un gusano, una mariposa y una libélula, mil significantes y un significado, lo real, lo simbólico y Jerusalén. Y como el viento que arrancó las hojas rojas, verdes y azules del guanaco para crear al sagrado pájaro quetzal, quiso el torbellino que despertara el cuerpo y danzara la mente para ver nacer el mito.

domingo, 11 de octubre de 2015

Ser o no ser

Soy quien no soy,
vengo y no voy,
me ves, y no estoy
pues no soy quien soy.

20151011 morning pages

sábado, 26 de septiembre de 2015

Tarda la tarde

La chica apretó la oscura gabardina contra su pecho. Un vano intento de hacer desaparecer los huecos por los que el frío y la humedad se colaban. Un abrazo a su propio cuerpo, delgado y entumecido.

El blanco vaho traspasaba la bufanda con la que se cubría la nariz y la boca. Menos mal que se llevó aquella gruesa prenda de lana que daba cuatro vueltas a su fino cuello.

La chica se frotó los brazos, sin dejar de abrazarse, y movió las piernas. Levantó un pie, luego el otro. Simuló dar pequeños saltitos sobre ellos. Apenas sentía sus piernas desnudas bajo aquella doble piel transparente de licra y seda.

La chica miró su reloj. La luz amarillenta de la farola le permitió advertir el brillo de las doradas manecillas sobre la negra esfera. Frunció el ceño.

Siempre tenía que esperarle.

Aguantar el lento y melancólico transcurrir del tiempo hacia el momento que tiene que llegar pero no llega. Y el desesperante sarcasmo de aquella esfera sonriendo cada vez que asomaba su mirada sobre ella.

No. apenas se habían movido. Apenas habían avanzado aquellas agujas que como lanzas blandían su amenaza de quietud e inmovilismo.

¿Otra vez? Parecía preguntarle aquel tic tac persistente al advertir sus ojos de nuevo sobre el reloj.

La chica se preguntó cómo sería vivir en un espacio sin tiempo. ¿Haría frío? ¿Tanto frío?Frotó sus manos enguantadas en una fina y elegante piel de cabritillo teñida de rojo.

La chica levantó de nuevo sus pies. Primero uno, luego otro.

Nadie pasaba por aquella calle. nada había allí. Sin embargo, aquel lugar era el punto de encuentro. Los ecos lejanos de los coches al circular por la cercana avenida acompañaban su espera. Pero aquello no la distrajo. La chica no dejaba de oír el incesante tic tac de su muñeca, que hacía más larga su espera.

La chica comenzó a dar vueltas lentamente alrededor de la farola. Otro vano intento de calentar sus pies insensibles subidos a aquellos zapatos de fino ante carmesí. Se paró. Miró al suelo. la chica evitó un pequeño charco en su circular paseo y pensó que podía ser peor. La lluvia de la tarde podría volver y ella tendría que irse.

Al fin y al cabo, aquello no era tan malo. Aquel movimiento parecía traer a su cuerpo algo de calor.

La chica se preguntó cuánto más tendría que esperar. El nunca se retrasaba. Nunca hasta ahora había llegado tarde. Ni una sola vez. Sin embargo en cada ocasión ella le había esperado durante horas. Nunca se sabía. Era mejor adelantarse. Pero el tiempo pasaba tan lento...


20150919 Afternoon pages

La carpa dorada

Hay una chica joven,
con el pelo largo.
Muy largo.
Dos veces su altura.
Suave y negro.
Fino.
Muy fino.
Muy muy fino.

Viste una túnica azul
con dibujos de luna
y de alba.
Blancos.

Peina con mimo
su larga melena
con un peine de coral.

Está oscuro.
Muy oscuro.

Apenas la luz de una vela
alumbra la húmeda cueva.
Una vela de grasa
de carpa dorada.

Hay una carpa dorada.
Nada tranquilamente
en su estanque, junto
a peces rojos y blancos.

La chica imagina
la carpa dorada,
nadando en círculos,
esperando su alimento del día.

Nunca el olvido visitó aquella casa.
Nunca paseó por el bello jardín
y su estanque.

Pero un día la ausencia voló
como humo de inicienso
hasta aquella puerta
y tocó con los nudillos
de una vieja resabiada.

La niña corrió a abrir alegremente.
Su espera llegaba a su fin.

Al abrir la puerta el silencio la saludó
y se agarró a su cintura.
Una corta misiva
voló hasta sus pies.

La brisa del olvido
sacudió sus cabellos,
Los alborotó por todas las salas
de la vieja casa
hasta enredarlos en el viejo arce
del jardín asomado al estanque.

Malévolo pez dorado
que cansado de esperar
saltó hasta alcanzar
el cabello de la niña.

Engulló poco a poco su tristeza
hasta la punta del pie de su dueña.

La chica peina con mimo
su larga melena.

Nada precisa,
solo la luz de una vela
de grasa de carpa
dorada.

Aquella jaula de oro
en la que el olvido la encierra.

20150813 Shukkeien Hiroshima. Japon.

lunes, 17 de agosto de 2015

Ancianitud

Cientos de acantilados
se abrieron en la piel
gastada por las lunas vividas.

Los años tiñeron de oscuras
cuencas sus ojos
y de agua su mirada.

Mirar sin ver,
escuchar sin oir.

Tan solo el eléctrico sonido
en su mente como eco
de un solitario recuerdo.



20150717 Morning pages

Eastern Wisdom

El aguila blandió su espada ante mí, en un gesto guerrero de saludo y protección. Sequé el sudor de mi frente y la sed acumulada en mis labios.

Alcé la vista, admirando la colina custodiada por decenas de soldados alados de miradas rapaces.

Los kilómetros dolían en mi espalda y en mis piernas. Todo mi ser entendió que algo había conducido mis pasos irremediablemente hacia allí.

Una gota en mis párpados me advirtió del inminente llanto de la negra nube que me acompañaba. La rasgaban los gritos de los espíritus alados que la cruzaban.

Aquella gota fué seguida de otra, y de otra, y cientos de hermanas empaparon mi rostro anhelante, ante la presencia de aquel ejército, que precedía la ascensión hacia un lugar en el mapa trazado por mi destino.

Mis ropas se tornaron pesadas, y cargué con su peso y mi incertidumbre escalón tras escalón. Roca tras roca. Dejando atrás las figuras de los alados combatientes que mantenían su mirada impertérrita, permitiendo mi avance.

Cada paso me acercaba a aquella cumbre escondida, e incrementaba la fuerza de la tempestad que jugaba a abatirme, golpeando con afiladas agujas mi rostro y mis brazos desnudos.

El mareo cayó como una losa sobre mis hombros y entonces, me abrazó el desmayo.

Transportada en los fuertes brazos del dragón de hierro, reposé en lo alto de la montaña, escuchando entre silbidos, el adiós de la lluvia.

El despertar me lo trajo. La mirada escondida tras unos negros ojos en un rostro ora cobrizo, ora blanco.

Y ahora dime... ¿qué es lo que debo saber?



20150817 Kamakura-

Erupción

Se sentía mal.

Nauseas de azufre agitaban su estómago.
No pudo evitar el vómito.

Tras su manto de nieve,
aún llora por las muertes causadas.


20150817 Cotopaxi

Gravedad congelada

Quietud charcal.

Voltea el lleno vaso
sin gota que caiga.

Fugitiva inercia.

Gravedad congelada.



20150817 Morning pages.